Bruselas reconstruye la joyería Wolfers, icono del “Art Nouveau”

BRUSELAS.- Un siglo después de su apertura, la mítica joyería Wolfers de Bruselas cobra una nueva vida en el Museo Real de Arte e Historia de la capital, que ha reconstruido la tienda de lujo, diseñada por Victor Horta, con una exposición de sus piezas icónicas de “Art Nouveau”.

Un “tesoro escondido”, según dijo a Efe el comisario de la exposición, Werner Adriaenssens, que el museo decide ahora rescatar para poner en valor la joyería modernista de finales del XIX y principios del siglo XX, que tuvo como padre al francés René Lalique, considerado el inventor de la joya moderna.

Horta, el arquitecto más reputado de la época en Bélgica, se encargó de la construcción de la tienda, que fue destruida en 1973 por los cambios en los estándares comerciales, pero una de sus nietas, conservadora en el museo, decidió custodiar gran parte del mobiliario en el depósito.

Gracias al mecenazgo de la Fundación Rey Balduino, que invirtió 800.000 euros, el museo cuenta con buena parte de las joyas esculturales que Philippe Wolfers diseñó para su mujer, 120 creaciones únicas que pueden verse ahora, muchas de forma inédita, junto a los bocetos dibujados por el artista, en el entorno de la tienda original para reivindicar el carácter de “arte total” del modernismo.

“La joyería es un aspecto muy importante en el Art Nouveau”, subraya Adriaenssens, quien destaca “las capacidades técnicas” de Wolfers como joyero, como el “plique-à-jour”, un esmaltado vítreo translúcido “profundo y difícil que hoy en día no se sabe hacer”.

Además de este delicado esmaltado, las joyas de Wolfers se caracterizan por sus motivos animales, como la “Libélula” de oro, esmalte, rubí, ópalo y diamante, de 1903, cangrejos o murciélagos, piedras preciosas y perlas combinadas con distintos metales en collares, colgantes o hebillas con líneas curvas.

Estos objetos marcaron la influencia de Wolfers en las artes decorativas, con creaciones que se exponen hoy en museos como el holandés Rijksmuseum y convirtieron la firma en una de las más prestigiosas de Europa.

Los Wolfers fueron los joyeros de la reina Fabiola, esposa del rey Balduino, con piezas hoy históricas como la conocida “tiara Wolfers”, de dos hileras de diamantes y utilizada también como collar, que la actual monarca, Matilde de Bélgica, heredó y ha lucido en varias ocasiones.

Además de Lalique, en Francia, la joyería modernista tiene nombres como Lluís Masriera (1872-1958), que introdujo en la orfebrería barcelonesa la misma técnica de esmaltado.

La exposición revela también la evolución de Wolfers hacia el “Art Déco”, que se popularizó después, con su exitosa “Gioconda”, un mobiliario de salón comedor diseñado para la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París en 1925 e incorporado ahora a esta “reconstrucción” de su joyería.

El KMKG, en sus siglas en neerlandés, también conocido como Museo del Cincuentenario, aprovecha esta ocasión para sacar a la luz su colección de artes decorativas modernas, en la que figuran artistas como Toulouse-Lautrec, con una cubierta para el libro “L’Art Impressioniste”, de 1893.

También destaca Louis Comfort Tiffany, hijo del fundador de la mítica joyería neoyorquina y prestigioso orfebre que se concentró en el vidrio, como muestra su “Jarrón” de 1897, llamativo por sus brillos tornasolados, fruto de su elaboración con óxidos metálicos, técnica propia del diseñador de Brooklyn.

La exposición busca también dar a conocer al polifacético Victor Horta, el gran arquitecto belga pionero del “Art Nouveau”, al que Bruselas homenajea este año con la apertura de algunas de sus construcciones reconocidas en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco.

En el mismo parque, Horta erigió un pequeño pabellón neoclásico, también conocido como “Templo de las Pasiones Humanas” por su bajorrelieve de mármol, obra clave del escultor Jef Lambeaux, abierto solo dos horas al día para evitar el vandalismo.

El pabellón, junto al edificio colindante que se convirtió en la gran mezquita de Bruselas, fue cedido por el rey Balduino en 1979 a la monarquía saudí, con el proyecto de convertirlo en museo de arte islámico.

Una obra que planteaba tirar abajo las sensuales “pasiones” de Lambeaux, protegidas por decreto real, que desató una rocambolesca polémica y culminó finalmente en la devolución del edificio al KMKG.

EFE/SPLL

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