9 de Mayo, el Día de la Victoria

Vladimir Zaemskiy*

Especial para El Universal

Durante los años 1941-1945, el Ejército Rojo y todo el pueblo soviético libró una lucha épica – la Gran Guerra Patria – contra el nazifascismo alemán y sus aliados. Nuestros antepasados en una gesta insólita por su alcance, el sacrificio ofrendado y sus enormes pérdidas, lograron defender las vidas de futuras generaciones y su libertad.

Ante todo, hay que enfatizar que para los ciudadanos de Rusia la Segunda Guerra Mundial se asocia, en primer lugar con este nombre, “la Gran Guerra Patria”, cuya horrorosa realidad entró en cada hogar de nuestra gran nación. No existe en ella ni una sola familia que no haya perdido un familiar.

No cabe duda de que la Gran Guerra Patria constituye la parte más importante de la Segunda Guerra Mundial. El pueblo soviético y su Ejército Rojo llevaron sobre sus hombros la más dura y la más pesada carga de esta conflagración. Fue la URSS la que hizo la contribución máxima a la victoria histórica sobre la Alemania hitleriana y sus aliados. A lo largo de toda la guerra, el frente soviético-alemán fue el principal teatro de operaciones militares.

La conflagración mundial desatada por la Alemania nazi y sus aliados se llevó las vidas de 60 millones de personas. 27 millones los ofrendó el pueblo soviético. Todos los países aliados juntos perdieron en campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial un poco más de 600 mil combatientes, o sea – 16 veces menos que el Ejército Rojo, sin contar las enormes pérdidas de nuestra población civil. En el territorio soviético el invasor arrasó 1.710 ciudades y más de 70 mil aldeas y pueblos. El precio pagado por una guerra que no se supo evitar es demasiado grande para que la humanidad se olvide de sus enseñanzas.

La URSS fue obligada a emprender una lucha titánica contra el mejor ejército del mundo a lo largo de cuatro años, tres de ellos sin apoyo militar significativo de los aliados. Para el momento de la apertura del Segundo Frente el enemigo ya estaba desangrado. Durante toda la guerra, hasta la capitulación definitiva del III Reich en Berlín, el frente soviético-alemán fue el decisivo. Basta decir que disponiendo de unas 50 divisiones motorizadas en Occidente, el mando nazi concentró en el Frente Oriental contra la URSS 270 divisiones más fogueadas y apoyadas por la mayor parte de sus tanques y aviones.

En este artículo quisiera recordar algunos acontecimientos importantes de este conflicto bélico, el más grande y cruento del siglo XX. El plan estratégico de agresión contra nuestro país, elaborado por el Estado Mayor alemán y codificado como “Barbarossa”, fue aprobado por Hitler, en diciembre de 1940. A partir de éste se preparó el Plan General “Ost”, que suponía la total aniquilación del Estado soviético y el exterminio de la mayor parte de su población. Estos macabros designios se debían perpetrar a través de la llamada “guerra relámpago” que había traído éxito a las tropas hitlerianas en Occidente. En plena conformidad con el plan “Barbarrossa”, en la madrugada del 22 de junio, la Alemana nazi y sus aliados, sin mediar una declaración de guerra, invadieron la Unión Soviética. Las pérdidas durante la primera etapa de la guerra fueron de gran magnitud. Sin embargo, la Unión Soviética no colapsó como habían augurado los líderes nazi. Al contrario, la resistencia soviética iba creciendo de día en día.

Gracias a la unidad del pueblo multinacional, que se levantó en defensa de su Patria común, se pudo derrotar al poderoso e “invencible” enemigo. No solo fue expulsado el agresor de su territorio, sino que fueron liberados muchos países de la esclavitud nazi. La férrea resistencia de las tropas soviéticas, así como el rápido traspaso de la economía del país al régimen de guerra y la organización del movimiento guerrillero antifascista en la retaguardia del enemigo, prepararon las condiciones favorables para empezar la contraofensiva de las tropas soviéticas.

La batalla de Stalingrado fue una de las más cruentas (cortesía Sputnik mundo)

El primer período de la guerra (del 22 de junio de 1941 al 18 de noviembre de 1942) fue el más difícil para la URSS. Los principales esfuerzos de las tropas hitlerianas en otoño de 1941 se habían centrado en la tarea de apoderarse de Moscú. Pero el plan nazi se frustró. Los defensores de la capital soviética dieron al traste con el falso mito de la “invencibilidad” del ejército hitleriano. En los campos de Moscú por primera vez, desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, las tropas de Alemania sufrieron una rotunda derrota. La estrategia de la “guerra relámpago” fracasó.

En junio-septiembre de 1942, la Alemania hitleriana lanzó una nueva ofensiva con el fin de entrar en Stalingrado y proseguir hacia el Cáucaso, tras crear una cabeza de playa en la Península de Crimea.

Sin lugar a dudas, la Batalla de Stalingrado, que marcó un punto de inflexión en la Gran Guerra Patria y en la Segunda Guerra Mundial en general, es uno de los acontecimientos clave de la historia universal que supuso un brillante ejemplo de la valentía, la fortaleza y el sacrificio de todos los pueblos de la antigua URSS que frustraron los planes homicidas de los nazis e impidieron una catástrofe global. Todos tenemos una deuda impagable con los héroes de aquella época.

En el curso de la batalla por Stalingrado el Ejército Rojo pasó a la contraofensiva cercando al sexto Ejército alemán (22 divisiones con más de 300 mil soldados y oficiales). Los sobrevivientes de aquella contienda se rindieron. Las tropas hitlerianas eran expulsadas del norte del Cáucaso. Al mismo tiempo, fue derrotada la mitad de las divisiones del enemigo, tras lo cual se liberaron enormes territorios de la Unión Soviética. Comenzó la desintegración de la unión fascista. Italia salió de la guerra en 1943.

La hazaña de los soldados soviéticos causó admiración en otros países y afianzó el prestigio internacional de nuestro país. Nuestra victoria en Stalingrado tuvo una especial relevancia para el ánimo combativo de los aliados de la coalición antihitleriana.

La victoria de Stalingrado repercutió en la situación estratégica en otros frentes de la Segunda Guerra Mundial y alentó a los combatientes de la resistencia en Europa que, influenciados por los acontecimientos en el frente soviético, intensificaron la lucha contra los invasores.

Es sumamente simbólico que hoy en día muchas calles y plazas de ciudades europeas lleven el nombre de Stalingrado, en homenaje a la audacia y la valentía sin parangón de sus heroicos defensores.

El 5 de julio de 1943, las tropas hitlerianas empezaron una nueva ofensiva cerca de la ciudad de Kursk, denominada Operación Ciudadela, con el fin de rodear la agrupación de tropas soviéticas en esa región. Fue la última ofensiva del enemigo que tras unas duras batallas fue detenida. El 23 de agosto de 1943, el Ejército Rojo se apoderó de la iniciativa estratégica. La batalla de Kursk, donde se enfrentaron de parte de Alemania – cerca de un millón de soldados, más de 2 mil carros de combate, 2 mil aviones y 10 mil piezas de artillería y de parte de la URSS – más de un millón de soldados, cerca de 2,5 mil carros de combate, casi 2 mil aviones y 19 mil piezas de artillería de combate, duró 49 días. Su episodio clave fue el enfrentamiento de carros de combate más grande en la historia humana que tuvo lugar en las cercanías del pueblo Prokhorovka, en el cual participaron de una vez más de 1.500 unidades de combate. Las batallas de Stalingrado y de Kursk marcaron el inicio de un poderoso avance del Ejército Rojo que no mermaría hasta la toma de Berlín.

Llegada de las tropas soviéticas a Berlín en 1945 (cortesía Sputnik mundo)

El servicio diplomático nacional contribuyó al esfuerzo común para lograr lo antes posible la derrota del enemigo, al centrar sus actividades desde los primeros días de la guerra en la formación y consolidación de la coalición antihitleriana y el suministro ininterrumpido de equipos militares, alimentos y otras mercancías necesarias. La labor diplomática se mantenía intensa día y noche. Uno de los resultados importantes fue la celebración a finales de 1943 de la Conferencia de Moscú con participación de los ministros de Asuntos Exteriores y de la cumbre de Teherán de las tres grandes potencias.

En 1944 todo el territorio de la URSS quedó completamente liberado de los ocupantes hitlerianos. Luego fueron emancipados los países y pueblos europeos del avasallamiento fascista. El 16 de abril de 1945, el Ejército Rojo lanzó su ofensiva final rodeando Berlín. La Alemania nazi, representada por el mariscal de campo Wilhelm Keitel, firmó la capitulación incondicional el ocho de mayo de 1945 a las 22:43, hora central europea (a las 0:43 del nueve de mayo, según la hora de Moscú) en presencia del mariscal de la Unión Soviética Georgiy Zhúkov, Comandante en Jefe de las tropas soviéticas en Alemania. La diferencia de la hora explica por qué en los países occidentales la victoria se celebra el ocho de mayo mientras que en Rusia, el día nueve. Para el pueblo de nuestro país el 9 de mayo se convirtió en el Día de la Victoria.

La principal lección de los sucesos de aquellos años debe ser la comprensión de que es necesario hacer todo lo posible para evitar que estas tragedias se repitan. No tenemos derecho a olvidar lo catastróficas que pueden ser las consecuencias de la aspiración de algunos a dominar el mundo basada en la convicción de su propia superioridad. El destino del mundo no lo puede determinar un solo país o un reducido grupo de “elegidos”. La seguridad debe ser igual e indivisible para todos los actores de las relaciones internacionales. Poner una barrera insalvable contra la difusión de las ideas de intolerancia, xenofobia, superioridad racial, nacional o de otro tipo es nuestro deber sagrado ante los que dieron su sangre y vida para salvar a la humanidad de los horrores de la “peste” del nazismo.

Lamentablemente, en algunos países se ha bajado significativamente la guardia contra el virus nazi. Hoy en día somos testigos de intentos inmundos de falsear la historia, calumniar a los soldados libertadores e inventarse maneras de justificar a los nazis y sus secuaces. Nos preocupa profundamente la situación en Ucrania, donde campan a sus anchas los neonazis y los radicales. En algunos países europeos se llevan a cabo campañas contra los monumentos a los soldados caídos por la paz y la libertad de nuestro continente que con su hazaña salvaron a muchos pueblos de desaparecer bajo la bota nazi.

La experiencia de haber sido aliados y hermanos en armas durante la Segunda Guerra Mundial es especialmente solicitada en las circunstancias actuales, donde la comunidad internacional se enfrenta a múltiples desafíos peligrosos, incluido el de los terroristas internacionales que, al igual que los nazis, muestran un desprecio absoluto por la vida humana buscando alcanzar sus objetivos maníacos. Es evidente que atajar esta, así como otras amenazas, sólo es posible en común, en un marco de solidaridad y confianza mutua y desde el respeto al derecho internacional y al papel central y coordinador de las Naciones Unidas.

*Vladimir Zaemskiy, Embajador de Rusia en Venezuela

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