Maryclen Stelling: La mesa de diálogo está languideciendo y retomarla tiene poco sentido

La sociologa asegura que «estamos viviendo un momento de crispación y de fortalecimiento de la polarización». Como venezolana dice que ante la «crisis multidimensional» que vivimos «es el momento de reencontrarnos superando diferencias y reconcomios»

Maryclen Stelling es una voz obligada en Venezuela cuando se trata de hacer un análisis socio-político certero y apoyado, además, en fundamentos académicos sólidos. No solo sus 25 años como profesora en la Universidad Católica Andrés Bello, en las Cátedras de Sociología de la Comunicación y Sociología Política, sino como directora del Observatorio Global de Medios de Venezuela, le permiten desmenuzar con pericia el acontecer nacional.

Desde Contrapunto abordamos con Stelling el momento del diálogo en el país como posibilidad de encuentro y búsqueda de soluciones; el momento sociológico que los venezolanos experimentamos, así como también, sobre la Venezuela que, para el año 2017, visualiza la experta, y que está montada en la cresta de una crisis que para muchos ciudadanos es la peor desde la guerra de Independencia.

–¿Qué estamos viviendo los venezolanos en estos momentos desde el punto de vista socio-político?

–Estamos viviendo un momento de crispación y de fortalecimiento de la polarización. Yo parto de la idea de que en el país existe un pacto de no convivencia. De allí que esos llamados o convocatorias al diálogo no son sinceros, porque lo que hay en el sustrato es un pacto de no convivencia. Se está viendo al adversario, no como un adversario, sino como un enemigo a eliminar. Cuando hay esa concepción bélica de la política, el otro es un enemigo a destruir por cualquier vía posible.

En este sentido –continúa Steling–, el pacto de no convivencia se manifiesta en la alta polarización, que se traduce en un mandato psicológico, político y cultural de radicalizarse. En estos momentos opera un estigma para cualquier venezolano que intente observar al país desde el medio o para los llamados “ni ni” (si es que quedan); esta polarización te obliga a que tomes posición, y hay una suerte de opinión negativa en la actual sociedad venezolana hacia quienes intentamos mirar al país desde el centro.

–Al menos durante el primer tramo de reuniones, la opinión pública generalizada es que la mesa de diálogo no ha dado frutos y no aportó soluciones a los problemas que todos padecemos. El presidente Maduro está anunciando que para el 13 de enero podría reanudarse la reunión plenaria de la mesa de diálogo. ¿Cree usted que hay posibilidades de que el diálogo llegue a funcionar algún día?

–Desde el inicio de ese llamado al diálogo no hubo la convicción de que había que dialogar. ¿Y por qué no había esa convicción? Porque cada uno de los dos bandos en pugna tiene la certeza de que puede derrotar al otro y sacarlo del espacio político. Sostengo la idea de que la mesa de diálogo está languideciendo y retomarla tiene poco sentido. Creo que con el nombramiento de las dos rectoras por parte del TSJ, el nombramiento de otros dos rectores que pretende hacer la AN y el juicio político a Maduro, seguramente esa mesa morirá.

Válvulas de escape

Usted ha dicho que hay un fortalecimiento de la polarización. ¿Se ha vuelto ese comportamiento una forma de vida de los venezolanos?

–Sí, ya es una forma de vida que se expresa en el pacto de no convivencia. Uno siente que es muy alta pero en otros momentos históricos también la tuvimos, por ejemplo, con los adecos. Y no fue Chávez quien inventó esa polarización. Cuando él llega al poder, los índices de pobreza extrema eran muy altos, entonces lo que Chávez hace es que politizó al país polarizado económicamente, a través de sus discursos, de sus acciones, de la Constituyente, por ejemplo. Chávez logró crear una contradicción de clases, que en Venezuela encontró lo que yo llamó válvulas de escape y las cuales no permitieron que aquí se llegara a ninguna confrontación o conflicto social mayor durante estos años.

–¿Cuáles son esas válvulas de escape?

–Las dos primeras que identifico son los medios de comunicación social y la maquinaria electoral; estos se convierten en dos frentes de batalla: el mediático y el electoral. Recordemos que en todo este proceso que hemos vivido, los medios tomaron postura política y cuando Chávez entra a la palestra pública los partidos estaban deslegitimados. Son los medios los que hacen de instituciones políticas y han sido una válvula de escape para la población, porque reseñan «la verdad» del país en el que tú quieres creer, y nos sentimos vengados por la prensa escrita, por la radio y por la televisión.

«En cuanto al frente de batalla electoral, recordemos que Chávez gana unas 19 elecciones en línea, durante las cuales nos confrontábamos con el adversario a eliminar, y lo derrotábamos electoralmente. Entonces, uno y otro bando, ubicado en uno de los dos frentes de batalla, se han dicho: ‘te derroté electoralmente’, mientras que el otro polo dice: ‘pero yo te estoy derrotando mediáticamente’. Hay que añadir, además, que a esa batalla mediática se unen la redes sociales; entonces estamos hablando del poder y del relato transmediático, cuyos contenidos se convierten en una media verdad: la verdad de la oposición y la verdad del oficialismo», asegura.

–La pugna de poderes es otro frente de batalla, pero ¿qué rol jugamos los ciudadanos en ese frente y cómo este se convierte en otra válvula de escape?

–En este tercer frente estamos excluidos los ciudadanos y ciudadanas de a pie; vemos esa pugna como un teatro porque hay cosas más urgentes para nosotros: la crisis diaria, la sobrevivencia… Aunque no participemos directamente en la pugna de poderes y seamos más espectadores que actores, estamos pendientes de lo que dicen los líderes y dirigentes de los dos bandos, por eso es una válvula de escape también.

Crisis multidimensional

–¿Qué actitud y comportamientos observa en los venezolanos en estos momentos difíciles ante la crisis?

–Creo que a pesar de la crisis que estamos viviendo hemos mantenido nuestro estilo coloquial, familiar, la gente hace sus colas, unos vociferan, otros son más discretos, el venezolano sigue siendo conversador, abierto, pese a que estamos viviendo una crisis multidimensional, como la califico yo, porque esta no es solo una crisis económica y política, también hay una crisis ética y cultural.

–¿Por qué no hemos llegado a un conflicto mayor en las calles… pese a que ya comenzaron a darse casos de consideración como los ocurridos en el estado Bolívar, así como focos violentos en otras ciudades? ¿Estamos muy pasivos?

–Esa es una pregunta que nos hacemos los que pensamos en el país. Creo que la lucha diaria por la subsistencia nos ocupa todos los espacios y todo el tiempo, y se nos convierte en el objetivo de vida y no es que estemos pasivos sino que estamos concentrados en esa sobrevivencia para poder comer, principalmente. Por otra parte, pienso que cuando sucede el Caracazo, por ejemplo, habían condiciones graves, con una pobreza extrema y gente viviendo en condiciones paupérrimas.

–¿Subestima lo que usted misma ha calificado como crisis multidimensional? ¿No son suficientemente graves los elementos de la crisis actual, que ahora impacta a todas las clases sociales del país?

–Hay un elemento importante que debemos señalar para poder responder por qué no hemos llegado a un conflicto en la calle. Con los primeros años de Chávez, hubo un importante proceso de inclusión y un mejoramiento de la situación de las clases más necesitadas, esa misma población que en el 88 o 89 vivía en la pobreza; mucha gente mejoró sus condiciones de vida: tuvo vivienda por primera vez, hay un gentío que ahora tiene un carro, tienen las bolsas de los Clap, al punto que hay gente por allí que dice que los venezolanos no añoran la Cuarta República, sino que añoran los primeros años de Chávez. No estoy subestimando la crisis, pero hay un sector grande de la población que tiene mejoras y eso ha servido para amortiguar efectos de violencia en las calles…

–¿Qué sociedad tendremos en los próximos años con los que nos quedamos enfrentando la crisis?

–No puedo saberlo, pero sí puedo decir, por ejemplo, que miro a Colombia, un país del que migró mucha gente, y hoy es un país industrializado, con una agricultura importante, lo lograron con los que se quedaron. Veo a Argentina, de donde salió mucha gente en los años 60; a Venezuela llegó media Argentina, media Uruguay, media Chile,trabajaron y tuvieron hijos aquí, pero muchos regresaron a sus países y los reconstruyeron; esas naciones pasaron por situaciones más dolorosas que la que nosotros estamos viviendo. ¿Por qué nosotros vamos a ser diferentes y no podemos levantarnos y salir de este duro momento?

La hiper anomia del venezolano

Stelling es articulista de varios medios de comunicación –entre ellos de Últimas Noticias, Notiminuto.com y Aporrea–, y, además, mantiene una emisión radial, «De Primera Mano», en Radio Nacional de Venezuela, de manera que el pulso noticioso e informativo lo lleva diariamente. Aunque no se atreve a hacer predicciones, asoma que «puede llegar una nueva situación de mejoría por la subida de los precios del petróleo».

–¿Cómo visualiza usted el 2017 para Venezuela?

–No me gusta predecir, pero hay que tomar en cuenta un elemento muy importante: el acuerdo de los países Opep y países no Opep. Se ha venido sintiendo el aumento de los precios del petróleo, y en este país petrolero, cuando el barril de petróleo sube, seguramente tendrá incidencia en la economía interna y el gobierno tendrá en sus manos la posibilidad de corregir las condiciones de la economía, tan deterioradas. Entonces pienso que en 2017 se puede desarrollar un escenario con los siguientes factores interactuando: la crisis política exacerbada, el diálogo languideciendo, un aumento del barril del petróleo que será una oportunidad para que el gobierno tome medidas que sirvan de paliativo a la crisis económica, que es lo que más preocupa a todos, porque la pelea del venezolano es la subsistencia.

–En ese escenario que usted plantea, ¿cuál sería el correctivo más importante que debería asumir rápidamente el gobierno para no llegar al colapso?

–Creo que lo que habría que asumir rápidamente es la redistribución de la renta petrolera, beneficiando a las clases más afectadas por la crisis. Pero a corto y mediano plazo, tiene que hacerse también una revisión de la economía, hay que potenciar la agricultura, y otras fuentes de ingreso, que no sean solamente el petróleo, diversificar la economía, eso lo ha dicho mucho el gobierno pero no lo ha hecho. Pero creo que en este momento toda esta crisis que hemos vivido, nos trae unos años de enseñanza en los que nos hemos dado cuenta que no podemos vivir solo del petróleo. Esta crisis de alguna manera nos permitió mirar hacia el campo, hacia la agricultura, nos puso a cambiar nuestros hábitos alimenticios. Se perdería el aprendizaje, si no retomamos el cultivo del campo y las políticas agrarias.

–¿Qué es lo peor que nos pudiera suceder en 2017 en este contexto de crisis?

–Que el «nuevo riquismo» volviera a apoderarse del país, de los patrones de consumo y de la redistribución de la renta petrolera que debe hacer el gobierno.

–¿Y qué es lo más trágico que a su juicio ha ocurrido en Venezuela en estos últimos años, o al menos en la más reciente década?

–Algo que a mí me preocupa muchísimo –porque no se arregla con la redistribución de la renta petrolera–, es que somos el país más anómico de América Latina, vaipaeamos las normas fácilmente, las desacatamos, establecemos reglas a nuestra conveniencia… ahora, creo que esta situación nos ha vuelto un país hiper anómico, y eso es lo más trágico. Aquí impera una hiper anomia. Y mi gran pregunta es: ¿cómo recogemos esto?, si la hiper anomia es algo intangible, que tiene que ver con el irrespeto a las leyes, a una estructura jerárquica, y esto lo vemos en la vida diaria…

–¿Cómo podemos atacar ese fenómeno social?

–Esto es más lento que lo demás, tendríamos que comenzar una política educativa nacional que se haga a través de los medios formales e informales, en las escuelas, todos debemos involucrarnos. El gobierno debe comenzar con esa estrategia comunicacional en las que debemos participar todos y todas desde nuestros espacios.

–¿Cuál es su esperanza como venezolana para sortear esta crisis de la mejor manera?

–Pienso que es el momento de reencontrarnos a pesar de las diferencias políticas y de los reconcomios que nos dividen en este momento… debemos conversar ciudadanos con ciudadanos, sector público con sector privado, chavistas, maduristas, opositores radicales. Después de lo que hemos vivido, y estamos viviendo, es el momento de hacerlo. No depositemos las esperanzas en una mesa, el diálogo tiene que ser nacional, a todo nivel y desde todos los espacios privados y hasta los espacios más públicos. Esa es la esperanza y una expectativa que yo me planteo. Como venezolana no debemos dejar de hablarle a nadie y respetar las posturas de cada quien. A eso debemos llegar los venezolanos para sortear esta crisis de la mejor manera. Este es el país posible que yo veo de aquí en adelante.

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