Región cocalera de los Yungas siente un nuevo aire de libertad en Bolivia

Los Yungas, una de las principales zonas cocaleras de Bolivia, respira «un nuevo aire» de libertad una vez que parece más calmada la situación en el país, por un conflicto que entre sus montañas verdes tuvo especial intensidad.

                               Región cocalera de los Yungas

Entre las tonalidades verdes destaca una más brillante, la mata de coca, un cultivo tradicional en esta zona del departamento de La Paz enfrentada por años al Gobierno de Evo Morales, quien llegó al poder desde otra región cocalera lejos de estas montañas.

A casi tres horas desde la ciudad de La Paz está Los Yungas, a donde se llega bajando curvas de la carretera desde las cumbres nevadas de los Andes.

Por su defensa a esa planta tradicional, los productores de coca, que años atrás fueron aliados de Morales, tomaron distancia de su Gobierno y de su partido el Movimiento al Socialismo (MAS), pues en palabras de sus pobladores tenían que defender su «coquita», su único sustento, «su vida».

ESPERANZA

Justo Arcenio Quispe, líder de la comunidad de Chiquiña, cerca del municipio de Coroico, asegura a Efe que por años le han «pedido al Gobierno que declare a esa región tradicional» en cuanto al cultivo de hoja de coca, frente a las nuevas plantaciones en el Chapare, la otra zona cocalera en el centro del país afín a Morales.

Ahora con el nuevo panorama político en Bolivia «se sienten en más libertad», porque el anterior Ejecutivo «beneficiaba a los de Chapare», se sentían amenazados y coartados, relata el cocalero.

El Gobierno de Morales «ha sido muy drástico y hemos sufrido en su gestión», incluso con enfrentamientos que dejaron muertos en los Yungas, lamenta este campesino.

«Nos encontramos ahora en libertad y nuestra coca por lo menos ya nos sentimos más tranquilos para sacarla al mercado (…), sino vendemos nuestra coca, no mandamos a nuestros hijos a la escuela y no tememos otra alternativa de vida», puntualiza.

EL ÚNICO SUSTENTO PARA LA MAYORÍA

«Nosotros vivimos del cultivo de la coca, nuestra vestimenta, para mantener la familia, para todo es la coca (…), la coca es vida para nosotros», cuenta a Efe Hilario Flores, un humilde campesino que tiene un pequeño cato.

Si no hay sustento, «nuestros hijos se tienen que ir al exterior a trabajar» y eso divide a las familias, dice esperanzado en que la situación mejore en Bolivia.

En el subtrópico andino, a unos 1.700 metros sobre el nivel del mar, unas 13.500 familias de Los Yungas plantan la coca en extensiones de un cato, un terreno de 50 por 50 metros, hasta una hectárea, en algunos casos entre cultivos de plátano, cítricos y algunas hierbas.

Flores explica que no puede sembrar otros productos porque los animales dañan los cultivos, lo que no pasa con la coca.

«El maíz medio crece y el animal lo arranca de la tierra», comenta.

Un bulto de hoja de coca, que pesa aproximadamente 50 libras, se vende entre 1.500 a 1.800 bolivianos, unos 218 o 260 dólares.

Cada tres meses se cosecha la hoja de coca y de un cato pueden recoger de dos a tres bultos, que en época de lluvias de enero a abril puede elevar la carga a cuatro bultos.

Justo Arcenio Quispe señala que una libra se puede vender en el mercado de la Asociación de Departamental de Productores de Coca (Adepcoca) en La Paz a entre 15 o 20 bolivianos, casi tres dólares.

Un cosechador cobra por libra unos cinco bolivianos, casi un dólar.

CONTROLES

Cada cultivador de la región de los Yungas debe estar acreditado ante Adepcoca, para dar un mayor control a la siembra y venta y evitar zonas excedentarias y que el producto vaya al narcotráfico.

Se estima que el 90 por ciento de la producción pasa por los controles, el otro restante va al mercado ilegal.

Luego de pasar por un control de las autoridades sobre calidad y peso, se vende desde La Paz a consumidores que lo destinan para masticado o acullico, usos medicinales, mates o rituales.

El otro gran mercado autorizado en Bolivia es el de Sacaba, capital de la provincia Chapare.

SIEMBRA SOSTENIBLE

La siembra de la coca ha tenido también un impacto ambiental, por lo que desde hace algunos años se adelantan programas de cultivo sustentable en coordinación con Adepcoca y productores de la región.

Sin embargo, el cultivo de la coca en Los Yungas es rentable a corto plazo y por eso se siembra cada tres meses, además de que la extensión de tierra que requiere es pequeña y por todo eso le dan prioridad a esa planta milenaria.

EL CONFLICTO

En 2017, el Gobierno de Morales aprobó una ley que aumentó la extensión legal de cultivos de coca de 12.000 a 22.000 hectáreas, muy criticada por los cocaleros de Los Yungas, porque según ellos favorece al Chapare, región de la que salió el líder indígena como dirigente sindical antes de llegar al poder.

Tras esta ley se agudizaron las diferencias entre cocaleros de los Yungas y del Chapare, donde aún persisten protestas, las pocas que se mantienen en Bolivia, contra al Gobierno interino de Jeanine Áñez.

En una entrevista con Efe el dirigente cocalero de Adepcoca Franklin Gutiérrez hizo un llamado a la unidad para dejar atrás un país que «ha quedado fraccionado», luego de pasar más de un año preso «injustamente» por una situación de la que culpa a Morales.

EFE/SPLL

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