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Salud mental en la población migrante

– El tema de la salud mental en la población migrante es un tema harto escabroso y para tratarlo comentaré que muchos venezolanos que padecen depresiones terminan en “condición de calle”. Como el caso de un muchacho, de mi tierra, que narraré a continuación.
El muchacho, radicado en Chile desde hacía unos años, perdió el trabajo que desempeñaba a principios de la pandemia. Para no entrar en detalles diré que a raíz de esto enfermó de los nervios y terminó en las calles de Santiago. Su familia se tardó en dar con su paradero y por ello, tiempo después, murió de manera absurda.
Sé que la depresión afecta sin distinción de raza, credo, inclinación sexual, condición económica, edad. Pero a qué voy yo; voy a que no es lo mismo enfrentar este u otro padecimiento, en tu casa, con familiares y amigos… que enfrentarlos, en el exterior, donde sólo eres uno más de los millones de seres que mueven el entramado social.
Siguiendo esta tónica referiré el caso de una chica del estado Portuguesa que trabajaba en un súper mercado de Cartagena, puesto que perdió su hermosa cabellera a causa del estrés que le producía el hecho de permanecer en una labor que aborrecía.
A veces las opciones se minimizan por el hecho de quedar atrapado en ese marasmo del que es difícil salir sin ayuda. Cualquiera, desde afuera, desde la comodidad de quien mira los toros desde lejos, puede decir: “Con buscarse otro trabajo, uno más acorde a sus intereses, tenía”. Recomendación que por su obviedad es patética.
El que es dado a leer periódicos encontrará, cada cierto tiempo, notas que hacen alusión a venezolanos suicidas. Notas como esta:
Miguel Suárez, caraqueño radicado en la ciudad de Barranquilla, fue encontrado en el Hotel La María, la mañana del viernes 29 de abril de 2022, pendiendo de la viga del techo. Se desconoce el móvil que llevó al hombre de 39 años a tomar esta decisión. Su cuerpo permanece en Medicina Legal. Familiares del occiso pueden comunicarse a los siguientes números.
Disculpen la crudeza de la narración, pero tenía que dar un ejemplo de casos que muchas veces se producen por baja autoestima o problemas de adaptabilidad. La mayoría de mis paisanos son resilientes, pero a unos, en cambio, los abate la desesperación y para mitigar su angustia deciden poner fin a su existencia.
El insomnio es otro de los males que aquejan a nuestra población. Yo mismo he pasado semanas sin dormir cuando mi permanencia como inquilino ha estado en juego. (Para nadie es un secreto el quebradero de cabeza que supone para el migrante de escasos recursos pagar arriendos).
Con respecto al control de ira he de decir que por este problema abundan los casos de violencia intrafamiliar y de intolerancia. Hace poco vi como un maracucho, que se dedica a limpiar parabrisas en un semáforo, le propinó una patada a una señora porque lo tropezó.
Ahora bien, la Organización Mundial de la Salud es enfática en recalcar que los problemas de autoestima, depresión, control de ira, estrés, entre otros desequilibrios, van en aumento y con respecto a la población migrante no se necesita ser un especialista para notar que se ha multiplicado el desaliento, la desesperanza, los vacíos existenciales, el miedo al mañana, en un número alto de mis congéneres. En ellos encontramos la náusea que describe Sartre en su emblemática novela y lamentablemente esto conlleva un riesgo para todos.
Si una persona padece cáncer de mama, por ejemplo, el daño que pudiere ocasionar la enfermedad se circunscribe a quien lo porta y, por obvias razones, a su familia. Pero el radio de las enfermedades mentales es sumamente mayor – afecta por entero a la sociedad –. Por eso debemos aunar esfuerzos para prevenirlas o en su defecto controlarlas, ya que quien las padece es una suerte de bomba que en cualquier momento puede estallar.
Autor : Francisco Aguiar

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