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Manet y Degas: Mano a mano inédito en París

 Rivales, amigos, admiradores el uno del otro, la relación entre Edouard Manet y Edgar Degas ha hecho correr ríos de tinta y, por primera vez, dialoga en una exposición en el parisiense Museo de Orsay que explora tanto su vida privada como su obra.

Al menos 120 piezas, comenzando por los autorretratos de Edouard Manet y Edgar Degas, que no se enseñaban al público desde finales del siglo XX, aparecen en esta muestra en colaboración con el Museo de la Orangerie y el Metropolitano de Nueva York, que la expondrá en septiembre.

La exposición iba a ser inaugurada por la reina consorte de Reino Unido, Camilla Parker Bowles, y por la primera dama francesa, Brigitte Macron, antes de que la visita de Estado de los monarcas fuera anulada por la inestabilidad en Francia causada por las protestas contra la reforma de pensiones.

«Los dos artistas tenían una relación muy fuerte, a la vez de admiración y de irritación. Se observaban mucho entre ellos y toda esta conexión irrigó su producción artística», explicó a EFE Isolde Pludermacher, conservadora del Museo de Orsay y comisaria de la exposición.

Los retratos de la burguesía, las carreras de caballos o la vida parisina a través del día a día de las mujeres son algunos de los temas que compartían Manet y Degas en sus trabajos, que ahora se muestran «mano a mano», según Stéphane Ghégan, también responsable de la exposición, para quien la comparación aporta «una fuerza reveladora» en estas obras.

LA INFLUENCIA DEL ARTE ESPAÑOL

La relación entre Manet y Degas está todavía marcada por el misterio: apenas se conservan cartas escritas que documenten la amistad de los artistas y no se sabe exactamente cuándo se conocieron, pero se cree que fue su admiración por Velázquez la que propició el primer encuentro.

La influencia del arte español es evidente en los cuadros expuestos, principalmente en el trabajo de Manet, en obras como «Lola de Valencia» o «La ejecución de Maxilimien», cuya composición evoca directamente al cuadro de «Los fusilamientos del tres de mayo» de Goya.

La comparativa del museo no solo muestra las similitudes de los artistas, sino también sus diferencias tanto en la composición como en el contenido de sus cuadros.

Republicano convencido, Manet recogía intencionadamente temas políticos en sus obras y acudiría a los salones oficiales para exponer sus trabajos, pero Degas prefirió dejar fuera de su obra la actualidad y apostó por exponer en las presentaciones alternativas o «impresionistas».

Además, mientras Manet otorgaba un papel central a las figuras principales de sus cuadros, Degas no solía valorizar necesariamente a sus modelos.

Los choques artísticos afectaron a su trabajo, hasta el punto que Manet llegó a rasgar un cuadro de Degas, en el que retrataba su matrimonio, porque no le gustaba.

«Podemos hablar de una rivalidad inevitable», apuntó Pludermacher, «su personalidad artísticas era tan fuerte e importante que finalmente hubo momentos en los que salió como una forma de resistencia hacia el otro», añadió la comisaria.

LA AMISTAD PÓSTUMA

La prematura muerte de Manet en 1883, a los 51 años, marcó a Degas, que afirmaría que su compañero era «más grande de lo que se pensaba».

Pero su relación no se interrumpió con el fallecimiento, sino que, según la comisaria, «conocerá una nueva evolución», en la que Degas hará acopio de «un gran número de obras de Manet» como parte de su colección privada, con la que en un inicio se planteaba hacer un museo, y restauraría su retrato de «El señor y la señora Manet».

«Eso muestra que todavía estaba obsesionado por el que fue su mejor enemigo», concluyó Pludermacher.

EFE

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