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Se fue Carmen Sevilla la estrella más espontánea del cine español

MADRID.- Triunfó en los años 50 y 60 en el cine nacional e internacional y, aunque se alejó de la gran pantalla un tiempo, Carmen Sevilla lo aprovechó para respirar y volver con fuerza a la televisión, donde sus despistes y desparpajo la convirtieron en la amiga o la abuela de España.Gracias a ese desparpajo y a su belleza, con tan sólo 17 años Sevilla rodó su primera película, «Jalisco canta a Sevilla» (1948), el comienzo de una brillante carrera cinematográfica a la que puso fin tres décadas más tarde con «Rostros» (1978).Trabajó con directores españoles como Pedro Olea o Juan Antonio Bardem y deja para el recuerdo desde inocentes historias como «Violetas imperiales» (1952) a otras más subidas de tono como «Un adulterio decente» (1971), pasando por grandes producciones internacionales como «Marco Antonio y Cleopatra» (1972), junto a Charlton Heston, o «Rey de reyes» (1961) de Nicholas Ray.Fue en la década de los 70 cuando Sevilla se enfrentó al declive de su carrera cinematográfica y al comienzo de su huida a la vida doméstica en una explotación ganadera de Badajoz, donde se dedicó a sus «ovejitas».Un retiro que duró hasta que en 1991 llegó el productor Valerio Lazarov, el culpable de que Carmen también sea recordada por su participación en numerosos programas de televisión.Reinventada y convertida en un personaje entrañable, Sevilla se apartó por completo de la vida pública debido al alzhéimer, enfermedad que padeció también su madre, doña Flora, su compañera, su confidente, esa carabina que la acompañó por los platós y escenarios de medio mundo.Y es que Carmen Sevilla, en plenos años 60 y ya consagrada en España, se convirtió en una de las artistas más reconocidas internacionalmente.Muestra de ello fue su actuación en el «Show de Ed Sullivan» en las navidades de 1965, programa donde el mítico conductor la presentó como una «estrella» y donde ella, tras interpretar «Mis noches de Madrid», se dirigió a los espectadores en un correcto inglés.Rompió corazones y no sólo los de sus dos maridos, Augusto Algueró y Vicente Patuel, sino los de otros hombres, como Luis Mariano, con quien formó pareja artística y quien estuvo profundamente enamorado de ella.Aunque ese amor que le profesaba Luis Mariano no bastó para que acabara en romance y fue la diferencia de edad -ella tenía 19 y él 37 cuando se conocieron- la que hizo imposible esta historia en los años cincuenta, etapa que la propia actriz recordaba con «gran nostalgia».En esta época aún faltaban años para que llegaran a su vida sus dos maridos y en los años 50 Sevilla conoció a su primer gran amor, el torero mexicano Carlos Arruza, el gran rival de Manolete.El diestro le propuso matrimonio, pero a cambio de que abandonara su carrera como actriz, algo que ella rechazó y volvió a su soltería.Nones también le dio al mexicano Mario Moreno «Cantinflas», quien se enamoró de ella a primera vista y, pese a que la intentó encandilar con regalos costosos, ella ni por esas se rindió a sus encantos.En plena juventud y asombrados los estadounidenses, los latinoamericanos y los españoles, lo que Carmen Sevilla siempre tuvo presente fue su España. Y por eso, la canción «Carmen de España» se convirtió en el mejor vestido que nunca pudo lucir.EFE

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