¿A dónde van los periodistas asesinados?

Miguel Angel López Jr. y Regina se conocen en el patio de una antigua y blanca casona en la colonia San Miguel Chapultepec, en la Ciudad de México, en el marco del Tribunal de los Pueblos sobre el Asesinato de Periodistas. Ellos no lo saben, pero sus destinos habían corrido en dos caminos paralelos durante los últimos once años de sus vidas y finalmente esta tarde que se avecinaba lluviosa esos caminos se han cruzado.

Los dos son hijos de periodistas de México, el país que encabeza el vergonzoso ranking de las naciones más peligrosas para ejercer el periodismo en el mundo, con la infame cifra de más de 150 periodistas asesinados en los últimos 20 años y 9 desaparecidos. Aún estamos en el cuarto mes del año y ya han sido ejecutados 8, porque lo asesinos materiales e intelectuales saben que existe un sistema de corrupción perfecta que garantiza la impunidad del 98 por ciento en los casos de homicidios de periodistas y el 100 por ciento de las desapariciones.

A la vergonzosa impunidad hay que añadir la situación de cientos que han sido desplazados, obligados a dejar la labor de informar a la sociedad o lo hacen bajo amenaza, sabiendo que tienen una pistola apuntando sobre su cabeza.

Esta situación solo tiene una explicación: el Estado, sus instituciones, sus servidores públicos son copartícipes directos o indirectos de los crímenes contra periodistas, en muchos casos en complicidad y coordinación con los grupos de delincuencia organizada que controlan extensas partes del territorio nacional.

El objetivo de la cacería cotidiana de periodistas que se lleva a cabo en México es generar áreas de silencio en un país supuestamente democrático, que es la 17 economía más importante del mundo, con más de 120 millones de habitantes. Silenciando a la prensa libre, los grupos criminales, los funcionarios públicos u otros grupos de interés son quienes deciden qué se puede publicar y qué no, para controlar a través de la desinformación a los ciudadanos en un país donde más del 60 por ciento de la población vive en situación de pobreza.

En todo este drama hay cientos de victimas colaterales que han sido invisibilizadas, abandonadas y revictimizadas por ese sistema criminal que impera en el país. Esas víctimas son los familiares de los periodistas asesinados, desaparecidos y amenazados, como Miguel y Regina. Y son los otros miles de periodistas que miran a sus compañeros descuartizados, abandonados en bolsas de basura en medio de la calle, baleados a la puerta o dentro de sus propias casas, o tirados en una carretera. Esos miles de ojos y oídos que reciben el mensaje: «el próximo puedes ser tu”.

Pero entre todas las afectaciones, la mayor recae en la sociedad que si no cuenta con información auténtica y oportuna no puede tomar decisiones libres.

El estallido de la violencia en Veracruz

Miguel Angel López Jr. es hijo de Miguel Ángel López Velasco a quien todos conocen como Milo Vela. Un legendario periodista de Veracruz, un estado exuberante por su naturaleza y mar enclavado en el Golfo de México. Antes, era famoso mundialmente por los sones jarochos como La Bamba; ahora, es conocido por ser la provincia donde más periodistas han sido asesinados en el planeta: 25 de 2007 a la fecha.

Milo Vela era un periodista de la llamada «nota roja”, como se le dice a la cobertura de la noticia policiaca, y trabajaba para el periódico Notiver, el diario de mayor circulación en Veracruz. Era de la sección policiaca en Notiver y escribía una columna de opinión «Va de nuez”. Un hombre con más de 30 años de experiencia en el periodismo.

Su familia estaba integrada por su esposa Agustina, quien, aunque ya estaba jubilada, era realmente el sustento económico de la casa gracias a que vendía comida. Sus dos hijos Miguel Angel Jr. y Misael, que entonces tenían 30 y 21 años respectivamente, trabajaban bajo sus órdenes en Notiver, mientras que su hija Jazmín había optado por la enfermería.

«Somos como el cartero, llevamos buena y mala información, pero nosotros no creamos la información”, solía decir Milo.

En 2006 estalló una brutal violencia en Veracruz, como en el resto de todo el país. El presidente Felipe Calderón supuestamente declaró la guerra al narcotráfico, aunque después se sabría que era una farsa y que su administración y otros gobiernos estatales y municipales estaban involucrados con las organizaciones criminales que decían combatir.

Hasta antes de ese momento los eventos más dramáticos en el estado eran los huracanes o temporales, recuerda el periodista Noe Zavaleta, quien fue corresponsal del semanario Proceso en esa época. De pronto todo cambió con balaceras, personas ejecutadas abandonadas en la calle, cabezas rodando por las aceras.

«El crimen organizado no viene del norte del país, ni llegó de la luna ni llegó de marte. La mayoría de los jefes de plaza que ha tenido Veracruz tanto con Los Zetas como Cartel Jalisco Nueva Generación como incursiones de Gente Nueva, tenían carrera policiaca. Hoy en día, dos de los principales jefes de plaza (del crimen organizado) que dominan la región se iniciaron en la carrera policial, uno en la fiscalía y otro en la policía municipal de Maltrata…”, añade Noé.

Una familia acribillada

Milo publicaba sobre secuestros, extorsiones, ejecutados, robo de hidrocarburos y tráfico de personas. Los periodistas en Veracruz eran acosados por los vigilantes del crimen organizado solapado por las autoridades.

El domingo 19 de junio de 2011, el decano periodista celebró con sus tres hijos y su esposa el tradicional «Día del Padre” en su domicilio en la calle San Gerónimo, hablaron de aventuras y rieron. La mañana siguiente muy temprano una tía llamó a Jazmín para decirle que había habido un asalto en la casa de sus papás. Ella quería saber que había pasado y llamó a su padre, a su madre y a su hermano Misael, pero nadie respondió.

Miguel llegó a la escena del crimen cuando la policía estaba inspeccionando el lugar. En la segunda planta del domicilio vio el cadáver de su mamá con el tiro de gracia, su padre con el rostro desfigurado, deshecho por las balas, y encontró su hermano en su habitación boca abajo con el cráneo también destrozado a balas.

Jazmín señala que la primera noche del sepelio había mucha gente, pero al día siguiente se quedaron solos en medio de la nada. No hubo acompañamiento de la autoridad, no hubo asesoramiento legal, no hubo apoyo sicológico. Los dejaron solos.

«Éramos como la escoria, como si porque te acercas también los van a matar…”, recuerda.

Miguel Angel Jr. por temor a ser la siguiente víctima,a tuvo que salir de Veracruz al día siguiente del sepelio y se fue a refugiar a la Ciudad de México. Balbina Flores, responsable de Reporteros Sin Fronteras (RSF) en México y quien indiscutiblemente ha sido una de las personas más solidarias y activas en la protección de periodistas y búsqueda de la justicia, fue la única persona que mostró empatía y fue por Jazmín para que se reuniera con su hermano en la Ciudad de México.

Pero la distancia entre Veracruz y la capital de la república no fue suficiente para garantizar su supervivencia y Miguel Angel Jr. tuvo que salir de México y fue a refugiarse a otro país donde pidió asilo político, lo que lo obligó a no poder regresar a México ni volver a ver a su familia durante 10 largos años. Ahora ha vuelto, al menos de visita, pero la masacre de su familia sigue impune.

«Reporteras en guardia»

En los pasillos de la casona blanca, también está Martha Olivia López Medellín. Ella entendía bien el infierno que vivió Miguel Angel López Jr. porque ella también vivió en otro lugar muy similar: Tamaulipas, un estado fronterizo con Estados Unidos, en el noroeste de México.

Martha y otras mujeres periodistas crearon la red «Reporteras en Guardia”, donde se aglutinan cerca de 100 periodistas, editoras y realizadoras de 24 estados de México. Su objetivo es crear mecanismos de protección para mujeres periodistas y una red de solidaridad ante la ineficacia del gobierno y construyeron un memorial para recordar a los periodistas asesinados y desaparecidos.

«Tamaulipas es considerado un estado de silencio”, dice Martha Olivia con voz clara y sin dudas.

Ese silencio es impuesto por funcionarios públicos corruptos y el crimen organizado a los periodistas y medios de comunicación. A tal extremo que el grupo de sicarios y narcotraficantes conocido como Los Zetas enviaban boletines a los medios de comunicación y llamaban para amenazarlos y obligarlos a publicar su contenido.

En las redacciones de los medios, los periodistas comenzaron a ser obligados por sus editores a cambiar el nombre de las víctimas y de los victimarios que comenzaban a multiplicarse en el Estado, alterando así la realidad. Llegó a tal grado el control informativo que en el municipio de Ciudad Victoria, el día que el alcalde decidió aumentar el precio del agua potable, el medio de comunicación para el que ella trabajaba fue amenazado para que no publicaran la noticia. Era claro que las autoridades y el crimen estaban coordinados.

Lucía Lagunes es periodista y miembro del Consejo Del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas de la Secretaría de Gobernación, creado en 2013 supuestamente para proteger la vida de esos sectores y evitar que continuaran los homicidios. Tiene desde adentro un panorama claro de por qué pese a que existen en México instrumentos de gobierno para proteger a periodistas estos no son eficaces.

Actualmente en México la cifra de personas protegidas por el Mecanismo son 545, de las cuales el cuarenta por ciento son periodistas, y de esa cifra el treinta por ciento son mujeres periodistas. Las medidas de protección van desde chalecos antibalas, refugios y alimentos, un botón de pánico para localizar a la persona en tiempo real y escoltas.

Para superar la ineficiencia del Mecanismo en 2017 se crearon unidades de atención para coordinar las acciones de protección entre los gobiernos de los 32 estados y la federación. «¿Estas unidades qué son?, pueden ser una mesa, una persona y nada más y no tiene ninguna capacidad real de actuación y mando para ejecutar una petición del Mecanismo de Protección”, afirma Lucía .

Para colmo, como si vivir bajo amenaza por ejercer el periodismo no fuera suficiente, las mujeres periodistas en peligro son acosadas sexualmente por sus propios escoltas. Hasta ahora el Mecanismo ha ignorado las quejas. «No entienden lo que implica para una periodista, que de por sí vive ya una violencia, tener que cuidarse de quien se supone la debería cuidar”.

En el Mecanismo una persona da seguimiento a 100 periodistas en riesgo. Quizá esta sea la razón por la que en los tres años de gobierno de López Obrador 9 periodistas bajo protección han sido asesinados.

«Hasta hace cuatro años podíamos decir que el Mecanismo había salvado a periodistas, hoy no podemos decir lo mismo”, añade Lucía tajante.

Víctimas colaterales

«La mayoría de las familias después de que asesinan a un periodista quedan en el olvido, quedan invisibilizadas, si al gobierno no le interesa cuando matan a un periodista, las familias importamos menos. La mayoría de las mujeres que se convirtieron en jefas de familia están enfermas, suspendidas en el tiempo, no han tenido la atención que el Estado está obligado a otorgarles, están diabéticas, hay niños y niñas con discapacidades, hay trastornos de sueño, hay adicciones, crisis de pánico y a eso se suma que muchos de ellos eran los únicos proveedores…”, describe Griselda Triana, esposa del periodista Javier Valdez, asesinado el 15 de mayo de 2017 en Culiacán, Sinaloa.

Ella, igual que Miguel Angel Jr. y Regina, es una de las victimas colaterales de la infame cacería de periodistas. Decidió darle un nuevo propósito a su vida y, a demás de seguir ejerciendo el periodismo, ha hecho esfuerzos apoyada por RSF de evaluar los daños en las familias sobrevivientes al homicidio de un periodista.

Caundo el peligro acecha

Regina conoce en carne propia los daños de los que habla Griselda. Ella apenas tenía 15 quince años y su hermano 1 cuando su vida cambió radicalmente. Contra su madre, periodista, se había orquestado un complot para asesinarla por parte de un grupo de poderosos policías corruptos.

Desde diciembre de 2010 había tenido que comenzar a vivir con escoltas. Aunque estudiaba en una escuela a la que podía llegar cruzando la calle comenzó a ser transportada por escoltas armados. Pero no fue sino hasta enero de 2011 tras un atentado contra su abuela, sus tíos y sus primos en una cafetería familiar que entendió el peligro en el que se encontraba todo lo que era su universo.

Su madre era todo lo que ella tenía, era el sostén económico y afectivo. Pero ella se alejó inexplicablemente. Si bien es cierto ya tenía años absorbida por sus trabajos de investigación sobre narcotráfico al final siempre estaba ahí. Ahora en vez de tener una madre en casa había un fantasma.

Nadie le explicaba bien lo que sucedía. Lo intuía, escuchaba algunas de las entrevistas que su madre daba a medios de comunicación sobre lo que le estaba sucediendo, pero ella solo tenia 15 años, no podía comprender la dimensión. Comenzó a ser aislada por su madre para protegerla. No salía a fiestas, y luego ya ni la invitaban porque al igual que Jazmín la veían como un riesgo. Su casa se convirtió en una prisión.

Un día de diciembre de 2013 mientras estaba en un viaje de familia con su pequeño hermano y su madre, vio que ésta recibió una llamada telefónica. Por su rostro parecía una emergencia, una mala noticia. Esa misma noche cambió los boletos de avión y al día siguiente llegaron a su casa.

Aunque su madre era beneficiaria del Mecanismo de Protección eso no impidió que un grupo de once hombres armados rodearan e ingresaran a su casa pensando que se encontraban ahí quizá porque los escoltas se habían quedado vigilando en la parte exterior del domicilio.  A Regina nadie se lo había dicho, se enteró después por un artículo escrito sobre su madre, que meses antes habían dejado animales decapitados en la puerta de su casa, y un informante de su madre había sido asesinado a plena luz del día. La llegada de esos hombres era más que una última llamada de advertencia.

Pocos meses después ella, su hermano y su madre tuvieron que salir de México para sobrevivir, como tantas otros periodistas y sus familias. Dejó los amigos, la preparatoria sin terminar y a su familia. Estaba tan habituada al infierno y al encierro que cuando por primera vez, después de 4 años, pudo caminar sin escoltas le pareció un milagro.

Ninguna de las personas que perpetró los ataques y actos de intimidación contra su familia está detenida. Ella sabe que solo si hay justicia podrá regresar a vivir a su país. Miguel Angel Jr. también lo sabe. Y quizá es esa esperanza la que entrecruzó sus caminos y los hizo sentarse a charlar arropados por otros familiares de periodistas asesinados o bajo amenaza en las audiencias del Tribunal de Los Pueblos sobre el Asesinato de Periodistas que apoyado por RSF, Free Press Unlimited y el Comité para la Protección de Periodistas busca justicia para Milo Vela.

Miguel, con más años y experiencia le dijo a Regina que era una cosa del destino haberla conocido. Hablaron de lo mucho que sus vidas se parecían, habían sufrido cosas muy similares como hijos de periodistas y llegaron a la conclusión de que sus caminos se habían cruzado para saber que no estaban solos, para dar testimonio de que son sobrevivientes.

Le pidió a Regina comprender a su madre. «Seguramente tu mamá muchas veces sacrificó la maternidad, y no siempre te lo demostró, pero seguramente ella tenía más miedo que tú. Tal vez en ese momento no lo entendías, pero ahora que tienes oportunidad de construir una vida, ahora sabes que ella tenía razón. Ella luchaba por algo más grande que es la verdad”.  Miguel Angel JR. no solo le hablaba a Regina, se hablaba a si mismo, entendiendo la razón de la muerte de su padre y que el ideal que en el cual creía no estaba muerto.

¿A dónde van los periodistas asesinados? No mueren, no debemos permitir que mueran, continúan vivos porque están ahí sus hijos, hijas, esposos, esposas, hermanos y padres, y el legado de su trabajo. Si se ayuda a sus familias a recuperarse, a sanar y seguir adelante, serán un símbolo indeleble de su victoria.

Los periodistas asesinados no están muertos, deben vivir en la conciencia colectiva y ser recordados como ‘la resistencia’ en tiempos en que el crimen y los poderes políticos y económicos querían dominar a una nación silenciando la verdad.